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¿Será por lo del "agua al cuello"?
Nacido hace menos de medio siglo, el hockey subacuático lentamente gana
adeptos en la Argentina.
PASIÓN EN
SILENCIO
Escribe: Alfredo Cernadas Quesada
Desde los primeros tiempos de la historia los humanos trataron
de entretenerse por medio del esfuerzo físico y la competición.
E inventaron los deportes. Varios de ellos son el resultado de actividades
cotidianas, tales como correr, montar, patinar, nadar, navegar,
acciones indispensables para, por ejemplo, practicar fútbol,
polo, surf o ski acuático. Además de estos dos últimos,
existen otros deportes cuya práctica exige saber nadar: polo
acuático, nado sincronizado, clavadismo, buceo, natación
con aletas, y el hockey, que trasplantado del pasto o del
hielo, inició su recorrido subacuático y es tema de
este artículo.
Como varios otros, este deporte relativamente nuevo
fue inventado por un inglés. Todo empezó en el verano
de 1954. Un buen día a Alan Blake, miembro de la rama Southsea
del Club Subacuático Británico, se le ocurrió
hacer algo bajo el agua con un palo de hockey y un tejo. La idea
interesó a varios compañeros suyos y así nació
el octopush, nombre derivado de "octopus" (pulpo)
pues cada equipo estaba formado por seis jugadores y dos reemplazantes
que empujaban (de allí el "push") el tejo de rigor.
Después de los primeros partidos, que se jugaron por septiembre,
el nuevo deporte alcanzó una difusión suficiente como
para que se disputara el primer torneo en noviembre, entre Brighton
y Portsmouth.
Eventualmente, y con razón, el nombre cambió a hockey
subacuático (underwater hockey) y fue ganando adeptos
en Estados Unidos y Australia, entre otros países. Los australianos
son fanáticos de los deportes acuáticos y se hicieron
casi imbatibles. De todos modos, el primer torneo internacional
recién se realizó en 1980 y, desde entonces, se disputa
uno cada dos años. Entre los competidores, además
de los nombrados, se encuentran Argentina, Brasil, Colombia, Bélgica,
Nueva Zelanda, Canadá, Italia, Japón y otros algo
inesperados, como Zimbabwe, Eslovenia y Namibia.
En Argentina, Fernado Arbizu, buzo e instructor de buceo del Círculo
Militar, leyó en 1981 un artículo sobre el hockey
subacuático en la revista de buceo Skin Diver. Se
entusiasmó e inmediatamente decidió introducir este
deporte en el país. Fabricó un palo y un tejo y difundió
la novedad entre sus amigos buceadores. Al poco tiempo se formó
un grupo, lo suficientemente numeroso, y empezaron a jugarse partidos
en diversos clubes de buceo (Obras Sanitarias, CUBA, Océano,
Independiente, ASES, Argentinos Juniors y otros). Durante 1988 y
1989 disputaron campeonatos de la Copa Challenger Americana y, aunque
se jugaron partidos en años subsiguientes, la actividad se
frenó hasta 1995, cuando el distinguido jugador francés
Paul Makison visitó Argentina y se puso en contacto con jugadores
locales.
La llama vovió a encenderse. Recomenzaron los entrenamientos
y los jugadores se pusieron al día con nuevas técnicas
desarrolladas en el hemisferio norte. En 1996 la Federación
Argentina de Actividades Subacuáticas (FAAS) envió
un equipo argentino a competir en Durban, Sudáfrica. Luego
se formó una comisión nacional subacuática,
que recibe apoyo de la FAAS, del CENARD (Centro de Alto Rendimiento
Deportivo) y de la Secretaría de Deportes y Turismo. Gracias
a ellos equipos argentinos han participado en varios campeonatos
internacionales. Actualmente el nuestro es uno de los países
más activos en la práctica del hockey subacuático,
al punto que será sede del Mundial de 2008. En el campeonato
internacional más reciente, en Calgary, Canadá, las
chicas argentinas (Las Sirenas) se hicieron acreedoras de
la Copa Fairplay (juego limpio). Lo que hace más importante
esa distinción es que en el equipo compitieron sólo
siete jugadoras, aumentando el esfuerzo y la fatiga, ingredientes
más que susceptibles a la hora de cometer infracciones. Ahora
existen varios clubes en todo el país y se organizan torneos
durante todo el año.
El hockey subacuático se juega en piletas de 25 por 15 metros.
El partido consta de dos tiempos de 15 minutos, separados por un
intervalo de 3. Cada equipo tiene 12 jugadores, que calzan aletas,
máscara, snorkel, un guante grueso de látex
(para proteger la mano que sostiene el palo) y una gorra similar
a la que se usa en water polo. Los jugadores largan desde
los bordes de la pileta y, en cada extremo, hay un área de
3 metros en la que se debe tratar de entrar el tejo. Este no es
un deporte de contacto y los jugadores no deben interferir con los
demás con su mano libre. El tejo sólo puede ser tocado
por el palo. Son fundamentales la agilidad y el control de la respiración,
pero no hay límite de edad para practicar este tipo de hockey.
En noviembre se disputó el Tercer Torneo Argentino. Participaron
5 equipos de varones y 2 de mujeres de Buenos Aires, La Plata y
Mendoza, con jugadores sanjuaninos como refuerzo para sus vecinos
mendocinos. Al cierre se anunció el calendario para los torneos
de 2004, que incluirá más competencias en las provincias,
dado el mayor crecimento del deporte en ellas. Habrá una
pausa en marzo y abril, debido al 13º Mundial de Hockeysub
en Christchurch, Nueva Zelanda, para el que los jugadores argentinos
se están preparando intensamente, bajo la dirección
de Marcelo Mochetti y Norma Helm. En el equipo se ha incluido un
jugador sordo (durante los partidos no se habla) lo que atrajo la
atención de asociaciones dedicadas a este tipo de discapacidad.
La participación será difícil debido a la devaluación
del peso y el magro presupuesto actual de la FAAS, que no puede
cubrir los gastos del equipo. Esto dependerá de los auspiciantes
que, hasta ahora, no parecen muy seducidos por los esfuerzos subacuáticos.
Quienes quieran saber más sobre este deporte en la Argentina,
pueden solicitar web mediante información a info@faas.org.ar
, info@hockeysub.org.ar ,y a través del sitio http://www.hockeysub.com.ar
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